jueves, 7 de mayo de 2009

Las Calles de Arena

Cualquiera diría que después de ganar un Premio Nacional de Cómic, la autocomplacencia o el pánico a afrontar una nueva obra serían algunos de los riesgos a afrontar, pero Paco Roca se desmarca de todo y consigue superar el más alto listón que ya tenía a sus espaldas.

Las Calles de Arena entra de lleno en el Olimpo de las mejores fábulas modernas que haya leído (con los dedos de una mano y me sobran). Acierta ya desde el principio, con un protagonista con el que fácilmente se podrá identificar el potencial lector de la obra, un distraído cliente de una tienda de cómics que cargará contento con la estatua de Corto Maltés las calles que haga falta porque su destino es decorar su casa. Pero, como bien dice Giardino en la introducción del libro, qué crítica es la elección de una calle u otra cuando uno llega tarde. El resultado, nuestro protagonista perdido y atrapado en un barrio del que parece imposible escapar, de modo parecido a lo que ocurriera con La Ciudad de Barreiro y Giménez, pero sin el componente de ciencia ficción y más próximo a la fantasía. La evolución del protagonista sin nombre nos presentará al resto de personajes, a cual más curioso y a su vez atrapados en el barrio de Las Calles de Arena. Mi favorito un vampiro con síndrome de Diógenes y homónimo a este, que vive en una casa mecánica que gira para estar siempre de espaldas al sol.

Cuando ya creas que el álbum va a ser un cúmulo de pequeños momentos y de micro-historias, todo se acelera, las piezas del rompecabezas toman un azaroso e instantáneo sentido, y precipita en un final que es a la vez lo más natural y lo más extraño. Como en cualquier fábula en la que lo extraño es lo habitual y se debe contar con naturalidad. Así son los habitantes de Las Calles de Arena, así es el mundo que ha fabricado Paco Roca para nosotros y yo le agradezco el regalo. ¡Gracias!

Mención aparte merece la edición de Astiberri. Esta editorial siempre ha tenido para mí un punto de sibarita, de pagar por algo que sabes que es calidad, y en esta ocasión esto se desmonta a pesar de que seguro que la editorial ha puesto todo su interés en que sea como siempre es. La cubierta, el cosido, tamaño y precio, todo es acorde a lo habitual en la editorial, pero, ay, el papel, de un gramaje excelente, es de un mate que se come en gran medida el coloreado de la obra. Hay páginas más oscuras, de tonalidades marrones, en las que apenas se distingue el dibujo, y lo que debería ser un espectáculo se convierte en una verdadera pena. Espero que no se demore una edición en un papel que le haga justicia al trabajo del autor.

No dejéis de ver las páginas que nos adelantaba el autor por aquí.



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